Diario de un Venezolano en España

Domingo 29 de mayo de 2022

La Fé de Venezuela

La fe mueve montañasrezaba el eslogan del sketch cómico famoso de Radio Rochela; y remataba: pero hay que pagarY así nos reíamos de una caracterización de las creencias populares venezolanas. De sus ambigüedades y del vivismo o picaresca local. Pero justo los que disfrutaban riendo con esos personajes eran los que también, y en su inmensa mayoría, profesaban una ferviente fe por sus creencias en su casi totalidad católica cristiana.

Y creo firmemente que el ejercicio de la fe en Venezuela ha tenido ese tono tolerante y abierto que ha permitido su práctica casi unánime. Muy por el contrario que en otras latitudes de Latinoamérica, la iglesia en nuestro país ha sido amplia en sus planteamientos y no ha impuesto dogmas ni obediencias inútiles. Se acercó al pueblo llano y trabajo las necesidades de los más desfavorecidos en sus raíces. De hecho, es probable que los mejores estudios y propuestas para solucionar los problemas sociales del país, o por lo menos mitigarlos, se estén realizando en el seno de los centros universitarios y de pensamiento ligados a la iglesia católica. 

Pero el ejercicio de la fe del común de a pie va mucho más allá. Las venezolanas, sobre todo, pero cada vez más los varones también practican desde su visión propia y con sus propias imágenes y costumbres sus creencias religiosas. Y más ampliamente aun es la interiorización de estas prácticas en su día a día. En sus valores para afrontar las adversidades y como no las celebraciones. La inspiración de lucha y sacrificio no viene de libros de autoayuda, sino de los valores recibidos en casa por parte de padres y abuelas, tíos, la familia. Y esa es la verdadera educación, la necesaria, la que solo se complementa con los estudios, pero nunca viceversa. Es por eso por lo que, aunque existan muchas críticas al respecto, los venezolanos hemos renunciado a la posibilidad de matarnos entre nosotros en una guerra entre hermanos, fratricida, para “solucionar” nuestros problemas. Quizás muy largo sea el camino de la fe para llegar a feliz término, pero una sociedad creyente con principios de esperanza se niega a transitar el camino más rápido y de heridas que durarían para siempre.  

Es por eso por lo que millones de penitentes venezolanos han decidido resistir y sobrevivir en el país, mientras otros tantos más escogieron el no menos doloroso éxodo. Todos al mismo tiempo conscientes de su destino, del motivo de tamaña empresa. O como pude leer en el pueblo vasco de Guernica: “El territorio habrá sido conquistado, al alma del pueblo, no. No lo será jamás” José Antonio Aguirre. Y eso, señoras y señores míos, es la Fe, y se llama integridad, coraje, valor, principios con los cuales deberían estar formados nuestro lideres. Pero el pueblo no espera y llegado el momento, si es que este no ha llegado y comenzado aun, superará todas las barreras y vencerá sus miedos y dificultades contra viento y marea con un solo objetivo: vivir en libertad en su tierra.

Ayer, en mis periplos sabatinos por la sierra de Madrid, subía a su pico mas alto de Peñalara en una excelente caminata en medio de un día diáfano. Subía, como digo, porque nunca hablamos de bajar, de descender. Así somos. Y en mi limitada fe, completaba los 2.428 metros de altitud pensando que mi fe no mueve montañas, así que hay que pagar. Y la forma de pago es subir, las montañas, para probarme a mí mismo lo que supongo o de lo que presumo. Un pequeño y humilde acto de fe. Y ya en la cumbre pensaba en esas palabras de Mandela que me permito parafrasear aquí: “Hemos recorrido un largo camino hacia la libertad. Hemos intentado no titubear. Hemos dado pasos en falso en nuestro recorrido, pero hemos descubierto el gran secreto. Tras subir a una colina, descubrimos que hay muchas más colinas detrás. Nos hemos concedido aquí un momento de reposo, para lanzar una mirada hacia el glorioso panorama que nos rodea, para volver la vista atrás hacia el trecho que hemos recorrido. Pero solo podemos descansar un instante, ya que la libertad trae consigo responsabilidades y no nos atrevemos a quedarnos rezagados. Nuestro largo camino aún no ha terminado”.

Domingo 8 de mayo de 2022

Venezuela  se arregló

¡La verdad que no! Pero la otra verdad es que se está arreglando. Y no dentro ni fuera de Venezuela, sino en la mente y el espíritu de millones de personas. Los verdaderos cambios vienen desde dentro de nosotros y para ello ni el tiempo ni el espacio cuentan. Muchos salen del país y no cambian nada, algunos hasta retroceden… otros sin apenas moverse de algún pequeño pueblo cambian constantemente. Pero es más fácil cambiar de perspectiva hacia una mejor cuando se viven realidades diferentes. Y esa es la ventaja de emigrar, nos da la posibilidad de cambiar.

Ayer di un paseo en moto por la sierra de Madrid. Un día espectacular para salir en moto. Muy sencillo: moto y en la maleta una Coca-Cola y una bolsa de papas fritas. Luego de un camino y unas vistas maravillosas volver a casa. Sentado viendo desde una montaña el pueblo de EL Escorial y su monasterio patrimonio de la humanidad, me tome el refresco y las papas. Al llegar lo contaba mientras practicaba el segundo deporte mas importante de España después del futbol, quejarse. ¡Me quejaba como digo por los altos precios de la gasolina, hasta que pufff! Me dije, que coño estoy diciendo. Saque la cuenta y me había gastado en total menos de 5 euros por casi tres horas de pura calidad. Sin contar las excelentes carreteras, el poder tener una moto, simplemente estar vivo y feliz, seguro, ¡disfrutando de una de las cosas que más me gustan en la vida!

Y ese es precisamente el verdadero cambio de forma de pensar y sentir. Ver la oportunidad del momento. Desear y luchar por las cosas que quieres. Lograrlas a pesar de las adversidades porque emigrar es difícil. ¡Pero luego de un tiempo que no es muy largo, lo logras! Luego de unos años entiendo como puedo lograr las cosas y disfrutarlas. Se perfectamente como se podría hacer esto mismo en Venezuela. Como organizar las autopistas, los parques nacionales que visitaría, los motorizados cumpliendo las normas básicas de seguridad, las estaciones de gasolina debidamente abastecidas y dando un servicio de calidad insuperable, los monumentos históricos restaurados correctamente; y por supuesto parar en moto a comer unas deliciosas empanadas en esas carreteras de mi país.

Se que muchos que me leen pensaran que eso es imposible. Esgrimiendo la razón de que en Venezuela no se puede. Pero les diré que años atrás ya lo hecho por toda esa geografía. No hace mucho que éramos distintos como nación. Y parece paradójico que hemos dejado de ser así. Pero también es casi cómico pensar que casi con un chasquido de dedos lo podemos volver a ser y mil veces mejor. Puede sonar a mantra, pero pasarnos el switch no es tan difícil. Como sociedad si es mas complicado, pero posible. La mejor forma es seguir cambiando nuestra forma de pensar, hacer el esfuerzo allá donde estemos. Es la única forma. Es educación, autodidacta. Ver lo que funciona, usarlo, mejorarlo. Practicarlo hasta que sea natural para nosotros. Y sobre todo disfrutarlo, al cien por cien. 

Ayer, a lo lejos, después de subir en moto esa montaña, podía ver una cruz en la cúspide. Disfrutando de la vista al monte Abantos, así se llama ese lugar, me dije para mis adentros en medio de tanta satisfacción: estoy en esta bella montaña de El Escorial, ¡y también estoy al mismo tiempo en el cerro Ávila de Caracas… vista al pico Naiguatá!

Domingo 1 de mayo de 2022

Emigrantes por Naturaleza

Somos extremadamente exigentes con nosotros mismos. Nos hemos convertido en una sociedad que ve todos los errores y ninguna virtud es nuestro modo de ser. Una frase recurrente es aquella de no sabemos emigrar, soltada al vuelo sin mayor análisis ni empatía. Ha sido muy propio de mí, incluido, ver la falta en aquel que recién llega a España; seguro de mi mismo, por supuesto, porque ya tengo muchos años aquí, una vida. Pero eso no lo aprendí estando fuera de Venezuela, sino allí y por eso les cuento como sucedió.

Por razones completamente ajenas a mi voluntad, me crie siendo hijo de un abogado que complementaba su oficio con el de gerente comercial y administrador. Era común que aparte de trabajar mas de 10 horas al día en la semana, me llevara muchas veces con él, los sábados a echarle un ojo a los negocios; lo cual consistía en visitar los locales comerciales y propiedades de sus clientes que estaban arrendadas a terceros. Muchas veces al interior del país, lo cual agradezco profundamente. A mí me encantaban esas visitas, y por sobre todo a los centros comerciales que recorríamos, mi padre y yo como digo, de punta a punta local por local. Las paradas preferidas eran las heladerías, jugueterías, tiendas de variedades y por último algún restaurante de hamburguesas o pizzas. 

Pero aparte de mis gratos recuerdos de pasármela muy bien, eran las clases de historia y humanidad que recibí sábado tras sábado de la mano de mi padre y sus clientes. Somos Ciudadanos del Mundo decía mi papa. Había de todo y nadie estaba encasillado como hoy en día en una etiqueta. Colombianos carpinteros, italianos en banca, japoneses que se fueron a levantar la industria en la provincia, sirios y libaneses constructores, portugueses restauradores, españoles jugueteros y educadores, griegos expertos en producción teatral, judíos joyeros sí, pero también esa pequeña zapatería de niños que regentaban dos hermanas que recuerdo llevaban unos extraños tatuajes en sus brazos. Recuerdo haber preguntado a mi padre el porque de esos tatuajes y su directa, sentida y didacta respuesta: estuvieron en Auschwitz hijo, y la consecuente explicación. Y así con cada cliente, que en realidad se trataban como amigos, familia. No había corporativismo tan hoy de moda y a pesar de eso muy pocas veces en muchos años escuche alguna queja. Todos eran inmigrantes, procedentes de historias y calamidades diferentes. Todos venidos a prosperar en una tierra de gracia. Los uruguayos que levantaron el futbol en Venezuela, en las tardes y los fines de semana vendían exquisitos dulces y tortas en pequeños quioscos. ¡Y yo absorbía todo eso, sobre todo las tortas! Y a la vez sin darme cuenta, desde una posición absolutamente privilegiada entre ricos y pobres tenía la oportunidad de conocer el mundo; ese mundo que después de muchos años y por razones totalmente ajenas a mi voluntad, de nuevo, me ha tocado conocer… o más bien dicho, corroborar.

Entiendo que he tenido una gran suerte, porque de algún modo haber tenido que salir de mi país no ha supuesto un trauma como para muchos de mis compatriotas. En gran parte por haber vivido el mundo en mi mundo. He descubierto en Dinamarca como el estado paga a jóvenes de todo el planeta para que vayan a estudiar allí. ¡Es muy difícil para los daneses enviar sus hijos a conocer todas las culturas, entonces traen todas las culturas a su país… brillante! Pero aun así entiendo que la mayoría de los venezolanos tenemos algún familiar lejano, algún amigo, algún vinculo del cual aferrarnos para aprender a emigrar. Porque, al fin de cuentas, ¿no es Venezuela un país conformado por emigrantes por naturaleza?

Domingo 3 de abril de 2022

A mis amigos venezolanos

Esta semana compartí entre amigos, familiares y allegados políticos un artículo titulado A mis amigos rusos, escrito por el francoestadounidense Jonathan Littell y publicado en el periódico El País. En este se hacia un virulento reclamo a la sociedad intelectual moscovita por haberse con el tiempo ido acomodando a la presencia cada vez mas despótica y autoritaria de Putin. Y como esto, en definitiva, los hacia en gran medida coparticipes de las atrocidades que contra Ucrania y su propio pueblo el estado ruso cometía. La desgarradora reclamación deja en evidencia una sociedad acomodaticia y hasta hipócrita que ha mirado a un lado mientras se cometen los más graves crímenes.  

Y leído esto, es imposible pensar en Venezuela. Mas si se tiene en cuenta las alianzas y muy parecidas características de los regímenes que azotan ambas naciones rusa y venezolana. Maduro y Putin, Putin y Maduro. La utilización de los recursos energéticos como herramienta política en tiempos de crisis. La instrumentalización de la dependencia energética como arma arrojadiza para chantajear a la comunidad nacional e internacional. Aunque ya todos sabemos que para el caso venezolano es casi inexistente. Pero visto lo visto, entender que no hay límites para estos regímenes dirigidos por gánster sin escrúpulos ni valores éticos por los cuales nos regimos la mayoría de los que componemos la cultura, si se puede llamar así, occidental.

Y llegamos a la pregunta de las cincuenta mil lochas: ¿somos responsables los que nos hemos ido de Venezuela de no haber dado la lucha suficiente, aunque incluso peligraran nuestras vidas, para detener al monstruo? ¿Son aquellos quienes quedaron en nuestro país cómplices de la continua e imparable espiral de crímenes que se cometen a diario desde el más alto poder? ¿Es verdad que como dicen muchos políticos “no podemos solos” contra esta tiranía? ¿Qué paso con el bravo pueblo que, en su día comandado por José Félix Ribas, a punta de machetes sostenidos por los heroicos jóvenes de Caracas y La Victoria, derrotaron a un ejercito cinco veces mayor en esa batalla homónima? 

Yo me niego a pensar que hemos perdido. Y más allá de ser un sueño de negación ante la realidad lo percibo con los paralelismos que puedo ver entre el heroico pueblo de Ucrania y la lucha sin cuartel que han dado nuestros jóvenes en las calles de Venezuela. Creo que no hay mala tripulación sino mal capitán. Y se con toda certeza que, llegado el día, se volverá a levantar mi pueblo y juntos los que nos hemos ido y los que se han quedado echaremos al invasor. ¡Aprendamos de nuestros hermanos de lucha ucranianos! Porque nos parecemos mas a ellos que al somnoliento pueblo ruso.

Domingo 27 de marzo de 2022

El sexo venezolano

Ayer vi de un solo golpe casi todos los capítulos disponibles de Brigerton, una serie de Netflix que es como una novela de televisión venezolana a lo moderno. Y digo a lo moderno porque a pesar de guardar mucha similitud con la típica trama y desenlace de una buena “culebra” venezolana, contiene unas muy bien elaboradas escenas de erotismo explícitos impensables en nuestro folclor. Y es precisamente allí donde encontramos la falta de aprovechamiento de nuestras ventajas naturales, por el lastre que suponen muchas veces las falsas morales y el conservadurismo que nada tienen que ver con una sociedad rica en cultura moderna y abierta como la venezolana. Esa gran paradoja nos permite ver como algo normal que nuestros hijos usen videojuegos donde se simula la guerra, al mismo tiempo que cuidamos recelosamente que puedan ver algún desnudo o mucho peor, personas haciendo el amor.

Se que me estoy “metiendo en camisa de once varas”, pero me gustaría saber a que venezolano venido a Europa no le ha sonrojado al menos el encontrarse con la sexualidad tan abierta que en estas tierras se practica. Recuerdo la cara perpleja que pusimos cuando recién llegados veíamos en la televisión un comercial que invitaba aprovechar el pan en promoción “desde el principio hasta el culo”; algo que entre risas y perplejidad era una mera tontería. Y así con muchas cosas hasta llegar a las escenas y vocabulario erótico abiertamente en la televisión y otros medios… Luego pasa lo de siempre con todo, te acostumbras y lo adaptas poco a poco sin darte cuenta. Pero en perspectiva te das cuenta también de lo natural y beneficioso que esto es para nuestra forma de ser. Además, es algo que llevamos con nosotros al pensar que, en el entorno de nuestras familias, trabajos, amigos, etcétera; convivimos y aceptamos la inclinación sexual de “los nuestros” sin reproche, aunque todavía tenemos la gran tarea de aceptar y promover las “ajenas”.

Teniendo la fama mundial de las mujeres mas bellas, y una población en general rica en tonalidades de piel hermosas junto a nuestra natural inclinación por el baile y la música. La “sangre caliente”, la picardía del latino, la inteligencia y sentido de competencia, la movilidad social, la pasión y el culto a la conquista de aquella persona que nos atrae; ¿Como podemos ruborizarnos ante lo que es nuestro estado natural, una de nuestras ventajas más grandes, como es la pasión de los venezolanos?  

Viendo esa serie de televisión me quedo pensando en lo mismo: tiene que venir gente de otros lugares adaptar nuestras ventajas para darnos cuenta de lo que tenemos y no sabemos aprovechar. En tiempos de guerra creo que las venezolanas y venezolanos podemos enseñar a muchos hacer el amor y no la guerra.

Domingo 20 de marzo de 2022

12 años en España

Llegue a Madrid un 20 de marzo de 2010 procedente de Caracas, Venezuela. No era la primera vez que estaba en Europa ni tampoco la primera en la península. Pero como sabemos todos los emigrantes: no es lo mismo salir hacer turismo que emigrar. A veces incluso se puede llegar a pensar que haber viajado, como tuve la suerte de hacerlo por muchos años, antes de ir a vivir a otro país es una ventaja. Quizás te de algún conocimiento extra, como aquel que estudia medicina muchos años, pero no tiene nada que ver con la primera realidad de la práctica. Eso de prepararse se aprecia mucho más adelante.

Suelo y recomiendo anualmente dejar por escrito en algún diario o red social como es mi caso; algún pequeño testimonio y recuerdo si es posible grafico de esos aniversarios autoimpuestos. Es interesante porque a manera de registro estadístico, pero sobre todo de recuerdo muy emocional te permite ver quien eras, quien eres y quien quieres ser. Suena muy existencial, pero en la practica me ha servido para afianzar mucho más allá de mis convicciones el carácter de mi persona y mi lugar en el mundo. El Alberto que paseaba en marzo de 2010 por la Cuesta de San Vicente, hablaba de su país natal como en futuro cercano. El mismo Alberto 12 años después habla de Venezuela como un futuro por construir que esta todo el tiempo presente y que se combina con cada lugar donde nos encontramos los venezolanos. 

He descubierto, por ejemplo, que hay pueblos en Madrid de menos de 300 habitantes como La Serna del Monte, El Atazar o en los alrededores de Lozoya donde vive un solo venezolano. ¡Hay que ir a visitarlos porque viven en zonas muy frías de campo y son unos valientes… procedentes de San Cristóbal o Mérida sin duda alguna! Y hay que ponerse en esos zapatos o mejor dicho ponerse esas alpargatas para entender el gran reto que puede ser emigrar. No es lo mismo deambular soñando despierto por los alrededores de Los Jardines de Sabatini, donde en un golpe de nostalgia te puedes dar “un brinquito”, como decía mi mama, a una arepera del centro de Madrid concurrida por muchos coterráneos; que vivir alejado, aun con internet, en zonas muy rudas.   

Por eso no renuncio a la idea de llegar a tener una autocaravana y viajar por toda España visitando a venezolanos allá donde viven, desde las grandes capitales hasta los pueblos y aldeas apartados de estas tierras de La Mancha, de cuyo nombre Si quiero acordarme.

Domingo 13 de marzo de 2022

La Madre Patria

Hablando de la Mujer Venezolana la semana pasada, pensé que me había quedado corto de palabras. Los espacios escritos no son como el corazón o el alma inabarcables. Pensé, como digo, que había mucho mas que expresar y que decir. Entonces hable de nuestras madres; ¿pero no debería hablar también de nuestras abuelas? ¿De todas aquellas que nos antecedieron y que en muchos casos nos criaron? 

Recién llegue a España en el año 2010 este país afrontaba una crisis financiera mundial. La gente mas humilde, como siempre, pagaba los platos rotos por la falta de empleo que en muchos casos los empujaba a dejar de pagar sus hipotecas… a perder sus casas y en muchos casos a quedarse en la calle literalmente. Así conocí y vi a vecinos de mi primer barrio en Madrid, Nueva Numancia, salir de sus hogares haciendo la mudanza en sus coches, ayudados por vecinos, amigos y por sus propias familias. Veía parejas de jóvenes recién emancipados hacer el equipaje y salir por las calles muchas veces caminando. Y yo me preguntaba: ¿a dónde van?

Luego de poco indagar, porque en realidad era bastante obvio, me contaron que iban a “sus pueblos”; es decir a los lugares donde se habían criado, ya que estaban en Madrid por trabajo, en busca de un “futuro mejor”. Iban a casa de sus padres, hermanos o primos, pero también a casa de sus abuelas.

Allí fue cuando comprendí, y realicé, que estos vecinos y amigos españoles que volvían a casa de la abuela eran iguales que yo y que los miles y ahora decenas de miles de venezolanos que veníamos a España. Estos vecinos de Madrid también eran emigrantes, como yo, que volvían a lugar seguro en medio de una crisis. Así como ellos yo he venido a España, a casa de la abuela, en busca de seguridad y estabilidad. Entendí que nuestra independencia de la que tanto nos han hablado como un hecho heroico no tiene sentido si depende de cualquier circunstancia que pueda arrebatárnosla. Que, así como los jóvenes de la provincia de España se vienen a la capital en busca de su emancipación y no la logran por una crisis que ellos no provocaron, deben volver con la abuela. Nosotros que venimos a España huyendo de otra crisis, no somos muy diferentes en busca de esa seguridad en casa de la abuela.

La Madre Patria, llamaban en los libros del colegio a esa abuela lejana. En casa de la cual estamos viviendo miles de venezolanos en busca de esa “seguridad y tranquilidad”.

Domingo 06 de marzo 2022

La Mujer Venezolana en España

Venezuela es una mujer! Y los venezolanos en España estamos representados por ellas, nuestras madres, hermanas, parejas, hijas, amigas; por todas ellas. No es de extrañar que según las estadísticas el promedio de los que vivimos en este país este representado por una mujer de entre 35 y 45 años, profesional, con alta participación en su entorno, Luchadora! Orgullo para todas las personas!

Y si nos seguimos enfocando en las estadísticas, podemos ver un dato importante en la Comunidad de Madrid. Y es que en su mayoría viven en el Municipio Madrid, más de 22.000 venezolanas. Que luego se encuentran en municipios no menos importantes a lo largo y ancho de la comunidad como son: 

Alcalá de Henares, Móstoles Getafe, Alcorcón, Leganés, Alcobendas, Torrejón de Ardoz, San Sebastián de los Reyes, Parla, Fuenlabrada, Aranjuez, Collado de Villalba, Valdemoro, Rivas-Vaciamadrid, Las Rozas, Arganda del Rey, Pinto, Paracuellos de Jarama, Pozuelo de Alarcón, Boadilla del Monte, Coslada, Colmenar Viejo, Majadahonda, Tres Cantos, Ciempozuelos, Navalcarnero, Galapagar, Arroyomolinos, Villanueva de la Cañada, Villaviciosa de Odón, Algete, San Fernando de Henares, San Lorenzo de El Escorial, Villanueva del Pardillo, Torrelodones, El Molar, Brunete. Y muchos mas, asi como en toda España.

Esto lo que nos evidencia es una muy alta movilidad social de la mujer venezolana. Su capacidad de afrontar nuevos retos, adaptación, resiliencia. No hace guetos, se involucra y comparte. Y en fin, transforma su entorno y lidera. Con un aporte inconmensurable al lugar donde llega y a lo que representa tanto en lo personal como en lo familiar, económico, social, empresarial, cultural y político.

Si alguna vez existieron los pioneros, aquellos que con su visión y atrevimiento lograron trazar el camino para que otros soñáramos con un futuro mejor; es hoy en día la mujer venezolana la que sin duda esta abriendo el futuro para millones de venezolanos que sueñan con un mañana mejor.

Venezolanos
 en España con Ucrania

¡Estamos conectados! Estamos inevitablemente unidos por infinidad de motivos, circunstancias y realidades. Pensamos que salimos de Venezuela para vivir mejor, y en verdad lo logramos en cierto modo; pero no del todo. Anhelamos y extrañamos nuestra tierra y a los nuestros, pero tampoco es tan así. Me llega un WhatsApp invitando a ir a la Plaza de Colon en Madrid, para acompañar a los ucranianos. ¿Y yo que tengo que ver con ellos? ¿En qué se parecen a mí?

 

Nada mas llegar a esta plaza veo los ríos de personas que se acercan con sus banderas, sus hijos, familias, consignas y natural alegría. Si, alegría, lo único que no nos pueden quitar. Dejo la moto en una esquina y me voy acercando con cautela, no entiendo el idioma que hablan. No se parecen a mi ni a los míos, sus banderas son diferentes, sus canciones y sus rostros me son extraños. Así hasta que alguien de entre la multitud me toma del brazo, un venezolano con su bandera rodeado de “catires”. Saludos, abrazos, siguen los canticos y las consignas y poco a poco empiezo a entender los comentarios en español y todo toma sentido; ¡estoy entre los míos otra vez!

Hablan de sus familias allí en Ucrania, de enviar dinero y medicinas. De lo preocupados que están porque están faltando los servicios de agua y luz. Algunos, los mas atrevidos, hablan de viajar allá y unirse a la lucha. Otros, mas reservados, hablan de ayudar a los suyos a salir de allí. Siento poco a poco que estas caras tan diferentes son las que mas se parecen a mí. Entiendo y quiero entender cada vez mas que las cadenas que atan a ese pueblo de Ucrania son las cadenas que atan a mi pueblo de Venezuela y a mi. Que no somos libres si los otros no son libres, y que la amenaza a la libertad esta en todos lados y por doquier. Vuelvo a ver sus banderas y noto la semejanza con la nuestra, los colores amarillo y azul. Me hacen volver 8 años atrás, en esta misma plaza, reclamando lo mismo, apoyados por gentes de otros países y sobre todo por españoles.

 

Así transcurre esta mañana en Madrid. La marea de ucranianos me lleva como a uno mas por las calles de esta ciudad europea, en peligro también. Pienso en mi familia y amigos ahora que nos amenaza la sombra nuclear. Veo a mi alrededor familias y amigos como los míos. Me veo a mi mismo. Soy uno más. Y en esta epifanía descubro un texto magnifico que me enseña mi amigo venezolano y mis nuevos amigos ucranianos, el himno de Ucrania que dice así, vamos, canten conmigo: “…Aún no ha muerto la gloria ni la libertad de Ucrania, Aún a nosotros, hermanos compatriotas, nos sonreirá la fortuna. Se desvanecerán nuestros enemigos, como el rocío bajo el sol. Gobernaremos nosotros, hermanos, en nuestra propia tierra…”    Y es justamente lo que quiero para Ucrania, para Venezuela, para España y para todo el mundo.